Opinion

“A Dios rogando y con el mazo dando”

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Por Yecid Beltrán*

Sera que todavía existen dudas sobre las verdaderas intenciones que se traen aquellos que se inventaron las manidas frases de campaña electoral de “#PazSinImpunidad” y “#ElQueLaHaceLaPaga”?

Los acontecimientos ampliamente difundidos sobre el espinoso camino que ha tenido que recorrer en el Congreso, la reglamentación del Procedimiento de la Justicia Especial de Paz (JEP), nos demuestra sin temor a equivocarnos, que sus trabas y demoras solo obedecen a un fin ilegítimo como es el de favorecer una persona en especial, que fue la misma que en forma personal se benefició a través de la yidis política, de la modificación de un “articulito” de la Constitución Nacional y que estuvo a punto de lograr una nueva modificación del mismo “articulito” para saciar sus ansias de poder y convertirse en “presidente eterno”, como sumisamente lo describe el presidente electo de los colombianos.

De manera cínica y perversa, los áulicos del arribismo en el congreso, le quieren hacen creer al pueblo colombiano que solo los mueve el interés de salvar “la honra y buen nombre” de los militares involucrados en crímenes de lesa humanidad, con la pueril excusa que no pueden ser tratados por la justicia con el mismo rasero con que se trata a la guerrillerada, pretendiendo que no haya tribunales especiales para revisar sus casos sino sacarlos incluso de los beneficios que ofrece la justicia transicional como ya lo hizo la Corte Constitucional al dejar por fuera a los particulares que promovieron o participaron en la conformación de grupos paramilitares o guerrilleros. ¿Cuál es el meollo del asunto? La justicia transicional de la JEP ofrece beneficios a los actores del conflicto solo si cumplen la condición de decir la verdad, pues no basta con decir simplemente que son responsables de tal o cual delito, es decir, se privilegia la verdad sobre la Justicia con el principio de que a las victimas les interesa conocer la verdad por encima de cualquier pena de prisión o intramural que se les imponga a sus victimarios. Las victimas quieren saber cómo sucedieron los hechos y quienes los promovieron para que pueda cumplirse el principio de REPARACION Y NO REPETICION.

Sacar a los militares de la JEP significa que los delitos cometidos por agentes del Estado nunca podrán ser verificados por boca de sus autores y en consecuencia quienes han sido condenados no podrán acogerse a los beneficios de esta ley.

Sacar a los militares de la JEP significa que los delitos cometidos por agentes del Estado nunca podrán ser verificados por boca de sus autores y en consecuencia quienes han sido condenados no podrán acogerse a los beneficios de esta ley. Dicho de otra manera, el uribismo y su jefe quieren sacrificar a los militares involucrados en delitos de lesa humanidad para favorecer al señor Uribe Vélez quien está incurso en más de 300 investigaciones relacionados con el conflicto. Eso significa ni más ni menos que los militares involucrados (en la actualidad 1.730 decidieron acogerse a esta justicia) se verían ad-portas de activar la CPI ante la ineficiencia del Estado para castigar a los responsables de muchos delitos donde no se ha logrado esclarecer su autoría y sobre los cuales solo hay indicios graves de quienes fueron los determinadores.

Por esa razón un sector de las FFMM, (la cúpula militar) le pidieron con vehemencia a las huestes del Uribismo, mediante una carta enviada a la senadora Paloma Valencia, del Centro Democrático —negociadora con el Gobierno de aquellos puntos en los que difieren sobre la reglamentación—,que: “la ley de procedimiento se necesita con urgencia” y que, aunque agradecían la disposición de hacer mejoras, consideran que “ya existen elementos para garantizar la seguridad jurídica de los miembros de la Fuerza Pública que acuden a la JEP”.

Afirmaron que la reglamentación es indispensable “para blindar la seguridad jurídica de los miembros de la Fuerza Pública en los ámbitos nacional e internacional”.

¿Vale la pena que se sacrifiquen 1.730 militares que decidieron acogerse a la JEP y que hoy gozan de libertad provisional mientras se les resuelven sus casos, por el solo perverso fin de favorecer una persona en particular? Todo es posible en “el extraño mundo de Subuso” en que se convirtió a Colombia, País del realismo mágico tan bellamente descrito por García Márquez.

*Yecid Beltrán Sáenz – Abogado de la Facultad de Derecho Ciencias Políticas y Sociales de la U.N.

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