Opinion

“Amanecerá y veremos” a propósito de la consulta anticorrupción  

 786 total views,  1 views today

Por Yecid Beltrán Sáenz

“Amanecerá y veremos” reza el adagio popular, cuando las cosas no han salido tan bien como se esperaban, pero tampoco han salido tan mal como se dieron.

Una vez consolidados los datos de la consulta anticorrupción, promovida a través de firmas desde el año pasado, se estableció tal como se presentía, que llegar al umbral era una tarea difícil de cumplir si nos atenemos a los resultados de ejercicios anteriores con respecto a plebiscitos o referendos donde se ha pretendido reformar leyes o normas constitucionales que afectan directa o indirectamente a la clase política o empresarial que maneja desde la oscuridad o las tinieblas los hilos del poder  en esta maltrecha sociedad colombiana y con mucha más razón cuando ésta consulta pisaba callos en todos los niveles del poder.

No es hora de llorar sobre la leche derramada, pero si es bueno alegrarnos que la alta votación para esta clase de ejercicio constitucional de participación ciudadana y sin el respaldo frentero de los dirigentes políticos, a pesar de no haber cumplido el objetivo jurídico, si cumplió el objetivo político, como era el de manifestar a través del voto en las urnas, que la gran mayoría del pueblo colombiano está cansado de las practicas  clientelistas, inmorales, “del todo se vale”, del “CVY”, del “usted no sabe quién soy yo” , del “colabóreme” y en fin tantas formas de violar la ley o aparentando ser más vivos que las innumerables normas que nos rigen, a las cuales les cabe esa sabia manifestación popular de “hecha la ley hecha la trampa”.

Más de 11 millones de ciudadanos, no necesariamente ejemplares, le hemos manifestado a la clase política que tiene asiento en el Congreso, que tanto los proyectos que se han radicado por parte del gobierno, como los que presumo irán a radicar los promotores de la consulta, deben ser ampliamente debatidos en ese recinto de la democracia, y ojalá aprobar normas que no dejen dudas sobre lo que debe ser el castigo a la corrupción, normas que sean eficaces en cuanto a su interpretación o aplicación o que por lo menos no dejen resquicios i orificios, a través de la vía de los “micos “ un “orangutanes”, por donde se puedan deslizar los ya expertos en esta clases de maniobras fraudulentas para esquilmar los recursos públicos.

Es cierto que existen leyes que han desarrollado este tema a partir de la promulgación de la nueva constitución, pero es bueno recordar también que las que existen no han logrado el objetivo final por la sencilla razón que no tienen las herramientas necesarias para ser efectivas en su aplicación, y en la gran mayoría de los casos por no contar con funcionarios independientes del poder político que les permita cumplir sus funciones sin estar atados a ninguna clase de favor con las clases o grupos de quienes dependen para sus nombramientos.

Once millones de votos son un mandato claro para las autoridades obligadas a cumplir las normas existentes sobre anticorrupción y mucho más claro para los organismos que por constitución están en la obligación de dotar de herramientas judiciales eficaces a los funcionarios encargados de controlar esta pandemia.

Un mensaje también muy claro para el actual gobierno que no puede por un lado informar que está dispuesto a combatir todas las formas de corrupción existentes incluido su apoyo que le dio a la consulta o su lema de “el que la hace la paga”, mientras que por el otro “ladito” se hace el de la vista gorda nombrando funcionarios proclives a la corrupción, como es el caso concreto del nombramiento como embajador ante la OEA del integérrimo ciudadano Alejandro Ordóñez, ex procurador general de la Nación, quien salió por la puerta de atrás del principal  organismo de control de la conducta de los funcionarios públicos, obedeciendo a un fallo del Consejo de Estado donde se demostró que su permanencia en ese cargo había sido fruto de prácticas corruptas, como esa del “yo te nombro y tú me nombras o yo te elijo y tú me eliges”. El señor Presidente, a partir de este mandato claro expresado en la consulta, debe empezar a alinearse con los verdaderos propósitos que se buscan con la lucha anticorrupción y no dejar esa ventanita que socarronamente abrió el difunto Julio Cesar Turbay Ayala cuando aconsejó: “reducir la corrupción a sus justas proporciones” cita que quedó hoy, superada por el descaro de los corruptos y que motivo esta consulta.

Mensaje muy claro también para el actual Congreso, obligado a auto reformarse por el peso que contienen esos 11 millones de votos que provienen de todas las formas de pensamiento político sin discriminación de sexo, religión, orientación sexual, etc., (aunque dudo que la extrema derecha se quiera incluir en este paquete), porque acá no hubo perdedores exceptuando eso si a los amantes de las prácticas corruptas, porque quieran aceptarlo o no, tantos los promotores de la abstención como los promotores del NO a las preguntas, ganó el ciudadano de a pie, que día tras días sueña con tener a Colombia como el mejor vividero del mundo y que ha podido expresar este deseo a través de este mecanismo de participación ciudadana.

Yo soy optimista que con estos 11 millones de votos se logrará ponerle freno a la corrupción o por lo menos evitar que siga su desbocado aumento. ¿Usted qué opina?

*Yecid Beltrán Sáenz – Abogado De La Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la U.N.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba