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¿Por qué debemos seguir celebrando el mes del orgullo?

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Cuando me siento a escribir estas opiniones casi siempre tengo un hilo conductor que me guía y me permite expresar ideas con relativa asertividad. Este no es el caso, este tema cala tanto en mi vida personal y mi expresión frente al mundo que de una vez advierto al lector que va a leer la opinión de un miembro de la comunidad LGTBQ+ y que la pertenencia a esta claramente me sesga a la hora de escribir.

Para muchas personas es sencillo escupir lo primero que llega a su cabeza y sienten el impulso imperativo de hacer que todos lo lean, lo cual no estoy diciendo que este mal pues para algunos tendrá efectos catárticos esta acción. Más no resulta sorprendente que existan aquellos personajes, quienes provistos del derecho expresar lo que gusten, destilan el odio que se tienen a sí mismos por redes porque a lo mejor es lo único que tenían para hacer en ese momento. Y de esta manera, como si de una forma recreativa se tratara, la comunidad es violentada por personas que ni si quiera saber que están siendo violentas, he aquí el real problema.

Si leyeron con atención ya se da cuenta qué rumbo tomará la columna de hoy. La violencia existe de formas explícitas e implícitas, es decir que no necesariamente estará acompañada de un madrazo sí la carga está clara. Solemos prestarle atención a los episodios de violencia explícita que están acompañadas de agresiones e insultos, sin embargo no nos hemos dado cuenta de que muchas expresiones de odio han evolucionado a lo largo de los años para camuflarse en conversaciones normales y aunque la sutileza se ha convertido en norma la realidad es que hay ciertos comentarios que dejan ver su trasfondo agresivo y que, sin darse cuenta, terminan legitimando acciones violentas así ellos no las hayan realizado.

¿Cómo podemos darnos cuenta de ello? Si miramos en las plataformas oficiales de la alcaldía, quienes realizaron jornadas de conciencia y reconocimiento de la comunidad, nos daremos cuenta que existen muchos comentarios alegando que este tipo de actividades no tienen sentido o que directamente son una gastadera de recursos. Se reafirman en su derecho a pensar como gusten para exigir respeto por las instituciones y la bajeza que estas alcanzan cuando soportan y apoyan a la comunidad LGBTQ+. Por supuesto no es mi intención abordar comentario por comentario para desacreditarlo pero sí repasar algunos de los principales argumentos que se usan para deslegitimar el apoyo de las instituciones hacía la comunidad.

“¿Por qué quieren salir a exigir más derechos?”

Tienen razón muchas personas al señalar que ya están contempladas en la Constitución Política, diferentes líneas que reconocen y protegen los derechos de la comunidad. Sería bueno recordarles a todos los abogados de pasatiempo que las actividades que realizamos con ayuda o no de las instituciones no son para que nos den más derechos. Como lo escuchan, no estamos para que nos den ayudas económicas ni nos pongan en un altar, todo lo contrario, estos espacios no están hechos para romantizar nuestra naturaleza sino reafirmarla con orgullo. Al buscar sentar el precedente de que podemos salir y expresarnos sin miedo a ser atacados logramos reivindicar los derechos que se nos han otorgado con mucha dificultad durante toda la historia de la humanidad; solo hasta la segunda mitad del siglo pasado se llevaron a cabo los debates de identidad sexual que nos permitieron tener el derecho de conformar una familia. A día de hoy varios Estados del mundo siguen criminalizando las expresiones de género no heteronormativas y son la muestra de que, para algunos, ser diferente implica la muerte,  por supuesto también nos enorgullecemos por ellos porque no solo no pueden amar a quien deseen, también se les asesina por ello con consentimiento legal de los Estados en los que residen. En Colombia las leyes están muy bien escritas y redactadas, si estás personas conocieran a profundidad lo que dicta la norma y revisaran las estadísticas se darían cuenta de que en la realidad muchos hechos sociales, como el respeto hacia las personas diversas, no se acoplan a lo escrito en la Constitución. No puede ser un argumento que la norma estipule que vivimos en una sociedad organizada y respetuosa cuando sabemos que estas consignas son un ideal que todos buscamos y que falta mucho para tenerlo interiorizado en nuestra cultura.

“Hay cosas más importantes, no deberían botarle dinero a esa tontería”

Este comentario en particular debería estar escrito por un administrador público pero no, es otra opinión más en el profundo lago de opiniones que representa el internet. Tenemos que recordarles a personas que piensen así que Colombia es un país donde el desvío de fondos públicos y escándalos de corrupción se hacen presentes todos los días, claramente el mal uso de los fondos no es lo que les molesta. Estos eventos tienen objetivos distintos a los de enaltecernos como mencione en el anterior punto, su propósito es mucho más profundo y es el de estandarizar valores de respeto hacía la diferencia que nos cuesta ver a día de hoy cuando muchos chicos, quienes no escogen su sexualidad, se tienen que enfrentar a padres que bajo premisas de rectitud moral les juzgan por sus comportamientos. Nosotros buscamos llegarles a estos jóvenes presionados por una sociedad martirizadora para que encuentren un espacio que sus padres les han negado. Teniendo esto en cuenta queda claro porqué son necesarios estos eventos de naturaleza educativa, pues cumplen un propósito pedagógico al que está bien invertirle.

“¡Nos quieren decir cómo educar a nuestros hijos!”

Ni la alcaldía ni la comunidad LGTBQ+ tiene la intención de reeducar a los padres. Estas actividades existen para comunicarle a una sociedad anticuada cuales son los nuevos protocolos de comportamiento frente a una ética de represión emocional. No es sino escuchando a las personas que han vivido situaciones de violencia que podremos empatizar propiamente con ellos. Cuando la violencia no nos llega por alguna razón solemos ignorar que hay otras personas viviéndolo de forma explícita. Quizás por nuestra “normalidad” no nos toca pero sí las personas que no se encuentran bajo estándares normales suelen incomodar pues nunca se les ha permitido ser reconocidas. Nos genera extrañeza ver personajes con barba y vistiendo faldas y cómo no les encontramos sentido inmediatamente se recurre a la creencia que tenemos desde pequeños de lo binariamente establecido: Masculino y Femenino. No nos han educado para entender a las personas diferentes y esta realidad les cuesta la vida a muchas personas, la extrañeza no debería darnos miedo.

“Son unos degenerados y desviados”

Este comentario es especialmente doloroso sobre todo porque no corresponde a la realidad. Nos hemos cansado de insistir por redes que sentir atracción sexual y emocional por cualquier humano dejó de ser una patología y trastorno mental dentro de los marcos de la OMS a la que estamos suscritos hace ya más de dos décadas. Toda degradación de las decisiones personales que tomamos no está soportadas bajo ningún criterio científico y por ende están malintencionadamente descontextualizadas. Estaría increíble recordarles a las personas que la mayoría de violaciones relacionadas a la depravación mental ocurren en las casas por miembros “normales” de la familia; tíos abusando de sus sobrinos, padres accediendo a sus hijos o allegados a la familia en las mismas circunstancias. Eso nos pone a pensar ¿Quiénes son realmente los degenerados? ¿Los que tenemos distintas expresiones de amor o las personas que supuestamente “aman” a los niños?

Esta columna buscó explorar los cuatro argumentos que encontraríamos en las publicaciones oficiales de las instituciones que participaron en las actividades realizadas por el mes del orgullo y los debatimos punto por punto con la intención de que revisemos que tipo de creencias tenemos frente a lo diferente y si estamos en contra de algunos comportamientos porque realmente nos generen alguna afectación o simplemente la afectación es la incomodidad de ver personas que no se comportan como nosotros lo quisiéramos. No debemos imponer nuestro modo de actuar no solo por razones de ética sino porque nosotros podremos ser sometidos a juicios injusto por nuestra manera de pensar. Sabemos de sobra que no todos los practicantes de la tradición romana y derivados hacen comentarios fuera de lugar ni consideran que la heterosexualidad es la única forma de vivir, así como reconocemos esa generalización falsa también le pedimos a los mismo que repiensen si la comunidad les afecta de manera personal al punto de no querernos como ciudadanos de su mismo entorno.

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