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Bloque Caño Garzas, Paz de Ariporo. Una cruda realidad por el crudo de su subsuelo

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Por: Ramiro Rivera Ángel, Médico Veterinario Zootecnista y María José Rivera, estudiante de Política y RRII.

Hace 43 años, en 1977 se descubrió petróleo en un sector ubicado al margen izquierdo del rio Guachiría, ubicado entre los hatos Boquerones y Garzas, jurisdicción del municipio de Paz de Ariporo, hoy veredas La Libertad, Caño Garzas-Soledad y Playitas.

En ese entonces fue grande la sorpresa así como la expectativa. Podemos decir que hasta empezaron bien, se realizó un puente en el rio Guachiria y se construyeron aproximadamente 30 km de carretera, aunque haya sido con el fin de ingresar a explorar y explotar, pero que también los  residentes de estos sectores pudieron salir a Trinidad o dar la vuelta por Pore para ir a Paz de Ariporo.

En esta época el gobierno Nacional entregó mediante contrato de asociación lo que hoy conocemos como ‘Bloque Caño Garzas’, llegando a esta tierra como operador la Elf Aquitaine, multinacional francesa de mucho renombre en Casanare. Se instalaron e iniciaron un proceso de  exploración  y explotación en los pozos que hoy conocemos como CÑG-3, CÑG-7, CGE-3, CÑG-7, CGE-1, CÑG-6, CÑG-8, CÑG-1, CÑG-2. CÑG-5, CÑG-4, la estación Caño Garzas, pista de aterrizaje, oleoducto y gasoducto Caño Garzas – Araguaney, entre otras obras como vías a cada plataforma.

El tiempo fue pasando y se fueron empoderando y adueñando plenamente  del sector y produciendo en mucho tiempo cerca de 3 mil barriles diarios, es decir aproximadamente $ 444.000.000 millones de pesos  hoy, $162.000.000.000 millones de pesos / año equivalente a 5 veces el presupuesto anual del municipio de Paz de Ariporo; además de ver por  décadas  como grandes teas ardían día y noche quemando gas, pero que también llevaban por  un gasoducto hasta Araguaney.

Los años transcurrieron, la empresa mutó y se convirtió en ‘Kelt Colombia’ y siguieron su explotación en el sector pero sin contraprestación o compensación alguna por el impacto ambiental negativo, ni inversión social, limitándose a la entrega de unas famosas “Perencoladas” similares a las que da el ICBF y unos morrales para que la juventud de esa época llevara sus útiles escolares, uno que otro uniforme deportivo, una guadaña o alguna  ayuda para los bazares o combites que se hacían para mejorar las vías o escuelas en el sector.

Siguió pasando el tiempo y hubo una nueva renovación de la empresa, ahora su nombre era ‘Perenco Colombia Limited’. Hacia octubre del 2009 mediante resolución 2102 del Ministerio del Medio Ambiente le otorgan una Licencia Ambiental Global, según un estudio de impacto ambiental presentado al Ministerio pero que con la comunidad no se concertó ni  fue socializado.

Hoy, 11 años después, estas comunidades no conocen qué es una compensación en el sector por afectación al paisaje, por la afectación a sus sabanas, menos la inversión forzosa del 1% por captación de agua, en los 11 pozos construidos, una estación de bombeo, un gasoducto, los oleoductos, el aeropuerto y las vías que conducen a cada pozo, pues jamás se han entregado a las comunidades el valor de la construcción de estas obras para conocer el valor y la forma en que fueron liquidados.

Luego con la creación de la ANH (2003), se dio paso a los contratos E&P, con nueva normatividad, apareciendo los PBC (Planes de Beneficios a las Comunidades) en otras palabras las mismas inversiones sociales, pero que no dejaba claro cómo se manejaría el tema con los viejos contratos de asociación, como en este caso Caño Garzas, donde al menos las veredas ubicadas en el área de influencia pudieran reclamar ese 1% por los proyectos desarrollados para inversión social, o compensaciones por los proyectos ejecutados o por la producción anual de estos pozos.

Sin embargo para febrero de 2014, después de un ir y venir de solicitudes y suplicas de la comunidad reclamando estas inversiones se llegó a un acuerdo para saldar compromisos hasta el 31 de diciembre de 2013, que solo fueron invertidos por la operadora entre 2014 y 2016 pero de estos nuevos 3 años no hubo inversión social; posteriormente se hicieron acuerdos para 3 años (2017 – 2019) y aparecen en el 2020 ofreciendo migajas para las comunidades (40 – 65 millones en cada vereda). A pesar de manifestar que tienen muy baja producción se puede evidenciar  que no han dejado de reportar a la ANH un mínimo de 400 barriles por día en los primeros 6 meses de este año, se dice reportar porque se considera que en boca de pozo la producción es mayor pero solamente se entrega este valor.

Para este año presentan en un oficio las líneas de inversión para que la comunidad defina en qué invertir, pero muy pobres los recursos. Un gran ejemplo es la vereda Playitas, a quien le ofrecen la cifra de $40 millones de pesos y son 28 predios, esto quiere decir que le corresponden $1.428.571 por vivienda.

Para  citar un ejemplo un poco más específico, Carlos Ríos, un residente del lugar, adulto mayor, quiere hacer una cocina como mejoramiento de su hábitat y de su calidad de vida, pero la inversión solo le alcanza para el techo y unos bloques; tiene 6 vacas en su predio, pero para poder tener la cocina completa le toca vender 3 de ellas y dejar poner la placa de Perenco que dirá a esta vereda le estamos cumpliendo.

Es aquí donde nos preguntamos, ¿será esto una inversión social? ¿Será responsabilidad social? ¿Están contribuyendo a mejorar su calidad de vida? ¿Es política de buen vecino? En tal caso que este señor no quiera vender sus vacas, debe con sus manos hacer un rancho de vara en tierra, amarrar las latas de zinc que le dará Ecopetrol  a través de su operadora , salir a la sabana a buscar unas topias para poner el fogón y lo más triste, amarrar su burro de nombre Bolinche para  salir a cortar leña para que su esposa prepare la comida, eso sí chupando el humo del fogón en sus pulmones, porque en cerca 43 años del bloque Caño Garzas, no han tenido la voluntad de al menos regalarle los estudios y diseños para que gestionen el proyecto ante el gobierno departamental y pongan el gas, ese que prefirieron por muchos años quemar en sus teas que llevarlo a estas comunidades.

Ahora le sumamos que en todos esos años, la participación de la comunidad en mano de obra calificada es mínima, en 43 años sus pobladores no han merecido un cargo de importancia en las operadoras, ni al menos la presentación de una hoja de vida a Ecopetrol, dueña del bloque, ni para barrer el edificio donde operan en Casanare.

La comunidad se pregunta hoy ¿cuándo llegará Perenco a saldar sus compromisos? pagar compensaciones que,  si se hicieron ¿en qué se invirtieron? ¿Cuándo  harán la inversión forzosa del 1%? ¿Será que ya se perdieron las inversiones sociales de 3 años pendientes? ¿Deberá Carlos Ríos echar a su burro las láminas de zinc y conformarse con esa supuesta inversión? ¿Por qué están tan afanados en que la comunidad este año reciba estas migajas? ¿Cuándo ofrecerá una oportunidad laboral digna? o definitivamente sus moradores añejos como el mismo bloque se tendrán que resignar a dejar que Ecopetrol siga haciendo lo que quiera durante el tiempo de vida productiva que le quede.

Finalmente me atrevo a asegurar, que lo mismo o algo peor sucede con los demás contratos de asociación operados por Perenco, de propiedad de Ecopetrol (80%) en bloques como Corocora, Pozo Petrolero, Remache, Vireo, caño Gandul, Gloria, Sardinas, Los toros, Sirenas, Barquereña, Cravo Sur entre otros.

 

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