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Alerta. Banda de migrantes se dedica atracar viajeros nocturnos en ruta Yopal–Paratebueno–Villavicencio.

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En un conmovedor, dramático y espeluznante relato, una de las víctimas narra cómo fue atracado junto con su compañero de viaje, cuando se desplazaba en su vehículo en hechos ocurridos a la 1:15 de la madrugada del domingo 14 de noviembre pocos kilómetros antes del municipio de Paratebueno, yendo hacia Villavicencio.

Él hombre, quien prefirió el anonimato, por temor a represalias, conducía un carro marca Mazda cuando sintió que este estaba pinchado. Le pareció extraño y aunque dudó en detenerse, le tocó. Procedieron a despinchar el vehículo y cuando ya estaban terminando de quitar la llanta afectada, aparecieron de la nada media docena de hombres con armas de fuego tipo fusil o escopeta y cuchillo, con acento venezolano. Los hicieron tirar al piso y les pusieron, literalmente, el cuchillo en el cuello, amenazándolos con apuñalarlos si no entregaban sus pertenencias.

Mientras ellos estaban en el pavimento, los delincuentes abordaron el carro, lo encendieron y lo llevaron hacia una vía destapada unos 200 metros adelante mientras que a ellos los obligaron a caminar por la orilla de la carretera por el mismo sitio por donde llevaban el vehículo. Con una contundente e intimidante frase: “Nos colaboran o les damos un plomazo” los empujaron por la desértica a esa hora vía destapada, que parecía conducir a una plantación de palma.

Allí, cada vez más presa del temor y terror de la cercanía de la muerte, los hicieron tirar nuevamente al piso y les colocaron unos trapos blancos en sus cabezas. La víctima expresó que “así como cuando van a matar a una persona”. En el sitio estuvieron por cerca de dos horas y media, eternas, secuestrados, pensando que de ahí no iban a salir vivos.

Les hicieron quitar los zapatos, los esculcaron una y otra vez, en sus bolsillos, medias y ropa, buscando lo que ya no tenían. Los interrogaron sobre sus familias y les hicieron desbloquear sus celulares. Mientras todo esto sucedía, los bandidos llamaron a alguien quien parecía ser el jefe, para consultarle, qué hacían con ellos. Alcanzaron a escuchar que como iban de Yopal, no eran los que tenían previsto secuestrar. En seguida los dejaron libres.

Se montaron en el todavía, pinchado carro, y como pudieron, arrancaron para ir a buscar la cruceta donde los habían parado inicialmente. En medio de la zozobra, los nervios, temblando todavía y sin luz, lograron cambiar la llanta y huyeron del sitio. Llegaron a una estación de servicio y allí pidieron ayuda en un bus, narraron lo sucedido y pidieron dinero para pagar los peajes porque estos, pase lo que pase, hay que pagarlos, si no nos los dejan pasar.

Aprovecharon también para llamar a los familiares, desde celulares prestados y contar brevemente lo ocurrido. Llegaron a Cumaral, Meta, fueron a la policía a denunciar el crimen del que acababan de ser víctimas y prosiguieron con su ruta a Villavicencio, donde debieron arreglar el carro.

De regreso a Yopal, el temor se hizo latente nuevamente, pensando que los iban a robar en el mismo sitio en cercanías a Paratebueno o en cualquier otro lugar sobre la Marginal del Llano. Finalmente pudieron regresar, pero con 17 millones de pesos menos en sus bolsillos; con daños en el carro, de aproximadamente 3 millones, más; sin sus anillos de matrimonio, relojes, ropa, manillas, bolsos, equipo de carretera y celulares, entre otras cosas.

Aunque pudieron salir con vida de esta apabullante situación y volver a sus hogares, estos hombres quedaron psicológicamente afectados. Ahora tienen pesadillas, pánico a dormir, paranoia, exceso de celo en la seguridad en las casas, temor a que la información de los celulares sirva para los llamen o atenten contra ellos y una total desconfianza hacia la población venezolana.

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