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Violencia física, sexual y racismo contra docente e hijos chocoanos, en Paya, Boyacá

La violencia física, sexual, emocional y racista ejercida contra dos niños de 6 y 10 años de edad y su madre, Kerlin Sugey Murillo Mena, una docente de inglés, afrodescendiente chocoana, en el corregimiento de Morcote, Paya, Boyacá, generó rechazo, cuestionamientos y diversas investigaciones de organismos de defensa de la niñez y las mujeres como el ICBF, de la Fiscalía y la Procuraduría.  Por ahora la profesora fue trasladada a Chita, en ese mismo departamento. Los chicos se echan barro en su cara para disimular el color de su piel.

De acuerdo con las denuncias conocidas a través de medios nacionales, la joven profesora llegó a trabajar en 2021 al colegio El Rosario, ubicado en Paya. Y desde el inicio sintió el rechazo de otros profesores, donde el color de su piel sería el detonante de esa discriminación. La situación se agravó con el visceral ataque que comenzaron a vivir sus pequeños hijos, en ese momento de 5 y 9 años de edad.

De acuerdo a los hechos denunciados, el niño Keiner Joel Córdona, el más pequeño, fue blanco de constantes humillaciones y maltrato que, de ser probadas, se trataría de delitos que la Fiscalía General de la Nación tendrá que investigar de oficio, si se tiene en cuenta que algunos testimonios aseguran que Keiner fue víctima de acceso carnal, de vejámenes relacionados supuestamente con otros niños que le introducían orines en su boca. Inclusive se habla de una posible fractura en su cráneo, tras ser lanzado al vacío desde un tobogán.

“Comenzaron por echarle orín en la boca a Keiner, el de preescolar. A meterle el pene en la boca, lo accedían carnalmente metiéndole el pene en su ano y le golpeaban. En una de las agresiones, cuando el niño no quería dejarse, le amarran el pene con una cabuya y lo tiran. Aún dice que le duelen los testículos. Lo subían a la parte alta del tobogán para tirarlo al vacío, ocasionándole una fractura en el cráneo que hasta hoy persiste. Ha deteriorado el proceso cognitivo de mi hijo”, relató la docente de inglés Kerlin Murillo a revista Semana.

Mientras tanto el niño mayor Yojackson Córdoba tiene lesiones en las cejas, mentón, pecho y una oreja, al parecer por tratar de defender a su hermano de las agresiones propinadas por otros niños. El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), coordina acciones con las Comisarías de Paya y Chita, para brindar acompañamiento a la familia y ya se inició el proceso Administrativo de Restablecimiento de Derechos (PARD) para los dos niños, quienes reciben tratamiento psicológico desde el área de salud.

Aunque rector y docentes de la institución educativa negaron en medios de comunicación nacionales que hubiera racismo y violencia contra los niños, lo cierto es que hay evidencias del abuso de los menores y secuelas en sus vidas por los terribles actos a los que fueron sometidos.

De otra parte para hacer más gravosa la situación de esta familia chocoana, la docente, cabeza de hogar y madre de los niños, padece de cáncer de seno y cuello uterino y sus hijos están bajo medicinas psiquiátricas para controlar la depresión y la ansiedad que les ha producido el matoneo y abuso al que fueron expuestos en esa población en Boyacá.

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