Iván Cepeda: entre la memoria de las víctimas y el reto de gobernar un país desigual
El candidato del Pacto Histórico llega a la contienda presidencial con una trayectoria marcada por la defensa de los derechos humanos, la paz y la memoria de las víctimas. Su propuesta aparece como una de las más orientadas a responder los problemas estructurales de Colombia, aunque también enfrenta preguntas de fondo sobre gobernabilidad, financiación y capacidad de ejecución territorial.

Iván Cepeda Castro no es una figura nueva en la política colombiana. Su candidatura presidencial se construye sobre una trayectoria larga en el Congreso, en la defensa de los derechos humanos, en los procesos de paz y en el debate público frente a las violencias que han marcado al país durante décadas.
Su nombre también está ligado a una historia personal atravesada por la violencia política. Es hijo de Manuel Cepeda Vargas, dirigente de la Unión Patriótica asesinado en 1994, en medio del exterminio contra ese movimiento. Esa memoria explica buena parte de su identidad pública y de la forma como entiende la política.
Cepeda representa una izquierda institucional y democrática que busca dar continuidad al ciclo de reformas abierto por el gobierno de Gustavo Petro, pero con un énfasis propio: verdad, víctimas, paz, anticorrupción, transformación social y presencia estatal en los territorios históricamente excluidos.
La pregunta de fondo no es solo si Cepeda puede ganar una elección. El verdadero reto es si puede convertir una agenda de transformación social en gobierno efectivo para un país atravesado por pobreza, desigualdad, crisis de salud, baja movilidad educativa y violencia territorial.
Paz, derechos humanos y una visión distinta de seguridad
La carrera pública de Iván Cepeda ha estado ligada al Congreso, la memoria histórica y la búsqueda de salidas negociadas al conflicto armado. Ha sido una de las voces más visibles en debates sobre paramilitarismo, víctimas y violencia estatal, además de participar como facilitador en procesos de paz con las antiguas FARC-EP y acercamientos con el ELN.
Para sus simpatizantes, ese recorrido le da autoridad política y moral para hablar de paz. Para sus críticos, lo convierte en blanco de ataques que buscan asociarlo con la insurgencia, pese a que su apuesta pública ha sido la salida política y no la guerra.
Cepeda no compite desde el discurso tradicional de mano dura. Su propuesta parte de otra premisa: Colombia no resolverá la violencia si no enfrenta simultáneamente la desigualdad, la exclusión rural, la disputa por la tierra y el abandono estatal en regiones enteras.
Ese enfoque puede ser una fortaleza, pero también un reto comunicativo en un país donde buena parte del debate público gira alrededor del miedo, el castigo y la autoridad.
El proyecto de país: salud, educación y desigualdad.
El programa de gobierno de Cepeda, llamado “El poder de la verdad”, plantea profundizar el cambio social iniciado por el actual gobierno con énfasis en transformación social, reforma agraria, economía popular, derechos de las mujeres, justicia ambiental y fortalecimiento del Estado.
En lo económico propone fortalecer la economía popular, democratizar el crédito y ampliar la inversión social. En el campo insiste en una reforma agraria y en reconocer al campesinado como actor central del desarrollo.
En salud plantea un plan de choque para enfrentar la crisis de medicamentos, citas represadas y tratamientos pendientes. Su postura critica el modelo de intermediación financiera de las EPS y busca recuperar la salud como derecho fundamental.
En educación defiende la gratuidad, el fortalecimiento de la educación pública y la expansión de la oferta universitaria en regiones donde estudiar sigue siendo un privilegio condicionado por el territorio y el ingreso familiar.
Su diagnóstico conecta con una realidad evidente: Colombia sigue siendo uno de los países más desiguales de la región. Según el DANE, la pobreza monetaria en 2024 fue de 31,8% y en zonas rurales llegó al 42,5%. Además, el coeficiente de Gini se ubicó en 0,551, reflejando profundas brechas sociales.
La pobreza multidimensional bajó a 9,9% en 2025, pero en zonas rurales alcanzó el 22,4%, mostrando que el lugar donde se nace sigue definiendo las oportunidades de vida.
En salud, aunque la cobertura formal es alta, miles de personas siguen recurriendo a tutelas para acceder a medicamentos y tratamientos. En educación superior, la cobertura bruta llegó al 57,53% en 2024, pero todavía deja por fuera a una gran parte de jóvenes, especialmente en regiones apartadas.
Casanare y el desafío territorial de su candidatura
En Casanare, la candidatura de Cepeda debe analizarse desde una realidad particular: un departamento rico en petróleo, pero con deudas históricas en salud, educación superior, infraestructura, empleo y diversificación económica.
El petróleo representó el 99,8% de las exportaciones del departamento en 2023, según el Ministerio de Comercio. Esa dependencia ha generado ingresos y regalías, pero también vulnerabilidad frente a los ciclos del crudo y dificultades para construir una economía más diversa.
Una candidatura como la de Cepeda podría abrir debates sobre el uso de regalías, el fortalecimiento de la educación pública, la salud en municipios alejados, el apoyo a la economía campesina y la transición energética.
Sin embargo, ese último punto es especialmente sensible en Casanare. Hablar de transición energética en un territorio petrolero exige explicar cómo se protegerán empleos, cómo se diversificará la economía y qué alternativas reales tendrán los trabajadores y municipios que dependen del sector.
También tendría que responder a preocupaciones locales relacionadas con seguridad, infraestructura vial, propiedad rural y relación con la industria petrolera.
Fortalezas ylímites de Iván Cepeda
La principal fortaleza de Cepeda es la coherencia de su trayectoria. Su candidatura mantiene una línea clara basada en derechos humanos, paz, víctimas y justicia social.
Además, su programa parte de problemas reales: desigualdad, acceso a salud, educación, tierra y abandono territorial. En ese sentido, ofrece una visión más estructural que otras candidaturas centradas únicamente en seguridad o estabilidad económica.
Pero también enfrenta riesgos importantes. El primero es la gobernabilidad. Un eventual gobierno suyo tendría que lidiar con un Congreso fragmentado, una oposición fuerte y sectores económicos desconfiados frente a reformas profundas.
El segundo reto es fiscal. Las propuestas de inversión social requieren financiación clara, capacidad de ejecución y lucha efectiva contra la corrupción.
El tercero es cargar con el desgaste del gobierno Petro. Cepeda puede capitalizar avances sociales, pero también tendrá que responder por errores de ejecución y frustraciones de sectores que esperaban cambios más rápidos.
En síntesis, Iván Cepeda representa una candidatura con una lectura profunda de las causas históricas de la crisis colombiana. Su propuesta parece responder mejor a problemas como la desigualdad, la pobreza rural y las brechas en salud y educación. Pero su verdadero desafío será demostrar que puede convertir ese diagnóstico en gobierno efectivo y aterrizarlo en territorios concretos como Casanare.











