¿Qué dicen los gestos de “Eduard” durante la audiencia en la que la Fiscalía reconstruyó el crimen de Jhon Jairo Torres?
Eduard Daniel Martínez Pinzón fue enviado a la cárcel por su presunta participación en el homicidio del exalcalde de Yopal. La Fiscalía sostiene que habría viajado desde Tunja para ubicar a la víctima, reconocer el lugar y luego transportar al adolescente señalado de disparar. Durante la audiencia, su expresión corporal mostró momentos de contención, miradas bajas y gestos de autorregulación que, sin probar culpabilidad, permiten otra lectura del proceso.

La noticia judicial ya se conocía desde el mediodía de ayer: Eduard Daniel Martínez Pinzón fue judicializado por su presunta participación en el homicidio de Jhon Jairo Torres Torres y deberá cumplir medida de aseguramiento en centro carcelario.
Pero la audiencia dejó elementos que van más allá de la captura. La Fiscalía no lo presenta simplemente como el hombre que habría conducido la motocicleta el día del crimen.
Según el ente acusador, Martínez Pinzón habría viajado desde Tunja hasta Casanare para ubicar a la víctima, identificar el lugar donde podía ejecutarse el ataque y posteriormente participar en su ejecución. También es señalado de transportar al adolescente que habría disparado contra el exalcalde.
Ese relato permite una lectura distinta: si la Fiscalía logra probarlo, el homicidio habría tenido una fase previa de reconocimiento y preparación.
Y mientras esa historia era reconstruida en audiencia, el procesado permanecía frente a la cámara, casi siempre en silencio.
Un rostro contenido frente a una acusación grave
En los videos de la diligencia se observa una conducta relativamente estable durante buena parte de la audiencia.
Martínez Pinzón mantiene por largos periodos la mirada al frente, reduce los movimientos de las manos y conserva una expresión facial contenida.
Pero esa línea de comportamiento cambia en algunos momentos.
Baja la cabeza durante varios segundos, desvía la mirada lateralmente y posteriormente vuelve al frente. También se observa tensión en la zona de la boca, con los labios más apretados en ciertos tramos.
En otro momento lleva una mano hacia la nuca y el cuello y permanece tocándose esa zona mientras continúa escuchando la intervención de la Fiscalía.
Son movimientos pequeños, pero precisamente por eso resultan visibles: aparecen dentro de una conducta generalmente inmóvil y controlada.
¿Qué significan esos gestos?
No pueden leerse como una confesión.
Bajar la mirada no demuestra culpa. Tocarse el cuello no prueba mentira. Apretar los labios tampoco permite afirmar arrepentimiento, temor o frialdad.
El comportamiento no verbal no funciona como un detector de mentiras. Pero sí puede mostrar momentos de tensión, carga mental, incomodidad o autorregulación.
En análisis conductual, lo relevante no es un gesto aislado, sino el cambio frente a la conducta inmediatamente anterior.
En este caso, se observa que el procesado pasa de una expresión bastante contenida a pequeños momentos de ruptura: mirada hacia el piso, movimientos de cabeza, rigidez facial y contacto con cuello y nuca.
Eso no permite saber qué está pensando. Sí, observar cómo recibe físicamente una acusación que lo ubica como partícipe de un homicidio.
Lo interesante no es solo el gesto, sino cuándo aparece
Si durante momentos relativamente neutros una persona mantiene una conducta estable y modifica esa conducta mientras escucha una acusación concreta, ese contraste puede resultar relevante desde una mirada conductual.
No como prueba judicial. Sí como reacción observable.
En los videos, Martínez Pinzón parece mantener un importante control sobre su expresión durante buena parte de la audiencia. Por eso los pequeños cambios adquieren mayor peso visual.
Más que afirmar que “su rostro lo delata”, lo correcto es señalar que por momentos esa estabilidad se rompe.
Y eso permite visualizar al acusado no solo como un nombre dentro de un boletín judicial, sino como un hombre escuchando cómo la Fiscalía reconstruye el papel que presuntamente habría desempeñado.
La Fiscalía lo ubica desde antes del crimen
La Fiscalía sostiene que Martínez Pinzón habría viajado desde Boyacá para localizar a Jhon Jairo Torres e identificar el lugar donde podía cometerse el homicidio.
Luego habría participado en la fase de ejecución transportando al adolescente señalado de disparar.
Si esa hipótesis se prueba, su participación habría sido mucho más amplia que la de un simple conductor.
El caso empezaría a mostrar una posible división de funciones: alguien habría realizado el reconocimiento y facilitado la movilidad, otra persona disparó y todavía falta establecer quién habría coordinado u ordenado el crimen.
¿Vínculos con las disidencias?
Hay otro elemento que sigue rodeando la investigación.
Aunque el comunicado oficial de la Fiscalía sobre la judicialización de Martínez Pinzón no menciona que pertenezca a las disidencias de las Farc, investigaciones periodísticas previas lo han relacionado, bajo el alias de “Eduar”, con estructuras asociadas al Frente 28 y también con el Frente Jaime Martínez del Bloque Occidental.
Infobae informó, citando información conocida dentro de la investigación, que el hombre identificado como alias Eduar aparecía como posible integrante del Frente 28 y relacionado con el Frente Jaime Martínez. La misma publicación señaló que esa línea continuaba bajo verificación.
Ese posible vínculo no ha sido establecido judicialmente y tampoco fue incluido por la Fiscalía en el boletín oficial sobre su captura y judicialización.
Sin embargo, es una línea que cobra relevancia frente a una de las preguntas centrales del caso: si detrás de quienes ejecutaron materialmente el ataque existió una estructura criminal que organizó el homicidio.
El adolescente aceptó; Martínez Pinzón no
El adolescente involucrado en los hechos aceptó su responsabilidad y permanece en un centro especializado.
Martínez Pinzón, en cambio, no aceptó el cargo de homicidio con circunstancia de mayor punibilidad.
Ahora la Fiscalía tendrá que demostrar hasta dónde llegó realmente su participación y qué pruebas conectan su presunto desplazamiento desde Tunja, la ubicación previa de Torres y el traslado del adolescente con la ejecución del homicidio.
La pieza que todavía falta
La captura del segundo implicado completa una parte del rompecabezas. Pero no resuelve la pregunta principal.
- ¿Quién organizó el asesinato?
- ¿Quién sabía dónde encontrar a Jhon Jairo Torres?
- ¿Quién coordinó el desplazamiento?
- ¿Quién consiguió los medios necesarios?
- ¿Existió una estructura criminal detrás del ataque?
- ¿Y cuál fue finalmente el móvil?
La audiencia dejó una imagen particular: un hombre casi inmóvil, escuchando cómo la Fiscalía lo ubica dentro de una posible operación que habría comenzado antes de que el adolescente disparara.











