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“Torres del Silencio” dejarán de callar: comienza su demolición para dar paso a viviendas dignas, tras 14 años de inicio del proyecto.

Durante más de una década, las Torres del Silencio fueron el retrato físico del olvido. Unas estructuras grises, inertes y peligrosas se levantaban en Yopal como recordatorio de una promesa rota. Allí vivieron —y sobreviven— familias desplazadas, personas mayores, víctimas del conflicto armado, madres con hijos en condición de discapacidad. Todos esperando que algún día esa promesa se cumpliera.

Ese día, al parecer, por fin ha llegado.

Con una inversión de 62 mil millones de pesos, la Gobernación de Casanare y la Alcaldía de Yopal anunciaron esta semana la demolición de las actuales torres y la construcción de nuevos apartamentos que, aseguran, sí cumplirán con estándares de habitabilidad y sismo resistencia.

“Le vamos a cumplir a las familias que por años han esperado justicia social”, dijo el alcalde Marco Tulio Ruíz, al confirmar que el municipio aportará $12 mil millones para la demolición, mientras que la Gobernación liderará la ejecución de las nuevas viviendas con una inversión de $50 mil millones. El proyecto contempla cinco etapas, comenzando por la firma de un convenio interadministrativo, y avanzando con la evacuación voluntaria, demolición y reconstrucción.

Esperanza con pies en la tierra

La nueva propuesta de reconstrucción llega cargada de promesas, pero también de aprendizajes. No se trata solo de levantar estructuras: se trata de restituir confianza, de reparar una herida urbana y social que ha tardado casi dos décadas en empezar a sanar.

Queda por ver si esta vez la voluntad política se mantendrá firme, si las instituciones cumplirán cada etapa con rigurosidad, y si la comunidad —que aún habita en esas estructuras deterioradas— podrá confiar lo suficiente como para evacuar voluntariamente y permitir el inicio de las obras.

No es solo cemento lo que está en juego. Es la vida digna que se aplazó por años. Es el derecho a tener una casa que no se derrumbe. Es, en definitiva, la posibilidad de cerrar un ciclo de silencio y empezar a habitar el futuro.

 

Una intervención en cinco etapas

El proyecto, que marca un hito en materia de justicia social y gestión territorial, contempla cinco fases:

  1. Firma del convenio interadministrativo entre la Alcaldía de Yopal y la Gobernación de Casanare.
  2. Revisión técnica y jurídica del predio donde se desarrollará el nuevo conjunto habitacional.
  3. Evacuación voluntaria de las familias residentes.
  4. Demolición de las estructuras existentes, a cargo del municipio.
  5. Construcción de las nuevas torres, liderada por el Gobierno Departamental.

El origen de una deuda

La historia de estas torres comienza en 2006, cuando una Acción Popular interpuesta ante el Tribunal Administrativo de Casanare exigió la reubicación de 400 núcleos familiares vulnerables. La sentencia dio origen al proyecto Villa Flórez, luego rebautizado como Torres del Silencio, que se formalizó en 2011 mediante un convenio entre el Departamento, el IDURY (Ahora INDEV) y el constructor Iader Wilhelm Barrios Hernández.

Los recursos iniciales sumaban casi $15.000 millones, provenientes de subsidios del Gobierno Nacional, la Alcaldía, la Gobernación y el propio constructor, además de un aporte reembolsable que debían asumir los beneficiarios. La intención era buena; la ejecución, desastrosa.

Las obras avanzaron con serias irregularidades técnicas, hasta que, en diciembre de 2022, una consultoría confirmó lo que muchas familias ya sabían desde la experiencia: las torres no eran seguras. No cumplían con la normativa de sismo resistencia, y su habitabilidad era precaria.

Ver también: https://marthacifuentes.com/portada/demolicion-total-a-edificios-de-torres-del-silencio-en-yopal-establece-estudio-de-patologia/

 

¿Y ahora qué?

El éxito del proceso dependerá en buena parte de que las familias aún residentes tomen la decisión de evacuar voluntariamente, permitiendo avanzar con los trámites técnicos, jurídicos y contractuales. A pesar del largo historial de promesas incumplidas, las condiciones están dadas para que, esta vez, la solución sea definitiva.

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