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Quién era Yuly Morales, la mujer de Casanare, asesinada en Cancún, México

La mujer, oriunda de Maní, Casanare, era psicóloga y había viajado hace cerca de tres meses a México en busca de nuevas oportunidades. Su asesinato es investigado por autoridades mexicanas, mientras en su tierra la recuerdan como madre, profesional y una persona vinculada al trabajo social.

Yuly Morales se fue de Maní, Casanare, como tantas mujeres colombianas, detrás de una posibilidad: trabajar, abrirse camino, buscar estabilidad y construir un futuro mejor para sus hijos.

Hace cerca de dos meses había llegado a Cancún, México. Allí, según reportes conocidos, fue asesinada en la mañana del miércoles 17 de junio, cuando se movilizaba en motocicleta por la calle Isla de Pascua, en el fraccionamiento Paseos del Mar, en la Región 251 de esa ciudad.

El crimen ocurrió en plena vía pública. Las primeras versiones indican que la mujer, mencionada en reportes locales con el sobrenombre de “La China”, fue atacada con arma de fuego y recibió al menos siete impactos de bala.

Murió en el lugar antes de recibir atención médica.

La Fiscalía General del Estado de Quintana Roo informó que, al momento del ataque, portaba uniforme del Corporativo Empresarial Atlapa, empresa que es objeto de investigación por presuntos hechos relacionados con extorsión.

Las autoridades mexicanas asumieron el caso y adelantan las diligencias para esclarecer el móvil del asesinato y ubicar a los responsables.

Una maniceña que buscaba empezar de nuevo

En Maní, Casanare, la noticia cayó con dolor y mucha extrañeza. Personas que la conocieron la identificaron como Yuly Morales, psicóloga, madre de dos hijas pequeñas y mujer vinculada al trabajo social y comunitario. Hacía parte de una familia trabajadora y campesina de la vereda Belgrado.

De acuerdo con conocidos suyos, Yuly habría trabajado recientemente con la Alcaldía de Maní y con Red Salud en programas de Atención Primaria en Salud, una labor que la acercó a comunidades, familias y territorios donde la salud no solo se mide en consultas, sino también en escucha, acompañamiento y presencia humana.

También era reconocida por su participación en procesos políticos y sociales del municipio. Una persona cercana recordó que fue secretaria en la pasada campaña de Diego García, representante electo, y que su familia reside en la vereda Belgrado, zona rural de Maní.

Pero más allá de cualquier cargo, contrato o actividad laboral, quienes la conocieron insisten en una imagen más íntima: la de una mujer trabajadora, madre, profesional y cercana a la gente.

Dos hijas quedan sin su madre

La muerte de Yuly deja una herida en el alma de sus dos hijas que hoy quedan huérfanas de madre.

Esa es la dimensión más dura de este crimen: detrás de los reportes judiciales, de las hipótesis y de los procedimientos de investigación, hay una familia rota.

También hay una comunidad que intenta entender cómo una mujer que salió buscando oportunidades terminó asesinada lejos de su tierra.

En redes sociales, una persona que aseguró conocerla rechazó los señalamientos que han circulado alrededor del caso y pidió no destruir la imagen de la víctima sin conocerla. “Simplemente era mamá, salió en busca de un mejor futuro para sus hijas; la mejor psicóloga que he conocido”, escribió.

Esa frase resume una tensión frecuente en los crímenes contra mujeres migrantes: la rapidez con la que aparecen etiquetas, sospechas y versiones extraoficiales, mientras la humanidad de la víctima queda en segundo plano.

La Fiscalía investiga el caso en México

Medios locales de Quintana Roo han señalado, de manera extraoficial, que la víctima presuntamente estaría relacionada con el cobro de préstamos informales conocidos como “gota a gota”, una modalidad de crédito ilegal asociada en varios países latinoamericanos con amenazas, cobros violentos y redes de extorsión.

Sin embargo, hasta el momento esos señalamientos deben tratarse como hipótesis dentro de una investigación en curso.

La Fiscalía mexicana informó la apertura de una carpeta de investigación para esclarecer los hechos, determinar el móvil del crimen e identificar a los responsables.

Hasta que avance la investigación, estos elementos no pueden leerse como una condena pública.

El caso tiene preguntas difíciles que deberán resolver las autoridades mexicanas: por qué fue atacada, quién ordenó el crimen, qué relación tenía —si la había— con la empresa investigada y si el asesinato está conectado con alguna red de préstamos ilegales o con otra línea investigativa.

Pero ninguna de esas preguntas borra una verdad básica: Yuly Morales fue asesinada. Era una mujer colombiana, madre, psicóloga y migrante.

Y como toda víctima, merece verdad, justicia y una investigación seria, no una condena social construida sobre rumores.

Su última reflexión pública

Hace poco más de dos meses, ya en Cancún, Yuly Morales escribió una frase que hoy adquiere un peso doloroso:

“Vivir con intensidad cada segundo, agradeciendo las circunstancias, logrando la paz y tranquilidad que merecemos, aún teniendo la seguridad que nada puede ser perfecto”.

La firmó como psicóloga, Yuly Morales.

Hoy esa frase parece una despedida involuntaria. Habla de paz, de gratitud, de intensidad, de la búsqueda de tranquilidad en medio de una vida imperfecta.

Tal vez eso fue lo que salió a buscar: una vida menos estrecha, una oportunidad distinta, un lugar donde empezar de nuevo.

Pero la violencia le arrebató esa posibilidad.

Ahora su familia, residente de la vereda Belgrado, en Maní, comienzan a hacer las gestiones y búsqueda de recursos para repatriar su cuerpo y darle sepultura en su tierra llanera. 

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