La maldición de los Soto: tres hermanos entre la muerte y la cárcel. Ayer fue sicariado Juan Sebastián en Yopal.
Una disputa por tierras, el peso de un pasado criminal y un apellido que arrastra décadas de violencia: el asesinato de Juan Sebastián Soto revive los fantasmas de una familia marcada por el conflicto.

En la tarde de este miércoles 14 de mayo, en un taller de latonería en inmediaciones al Terminal de Transportes de Yopal, Juan Sebastián Soto Berrío fue asesinado de varios disparos en el pecho y el abdomen. Su muerte no fue un caso aislado de sicariato en una ciudad golpeada por el crimen: fue un nuevo capítulo en la historia de una familia donde, de tres hermanos, dos han sido asesinados y uno purga una doble condena por delitos graves.
En el hecho también resultó herido en una pierna un ayudante del taller identificado como Óscar David Martínez Ospina.
En el sicariato habrían participado al menos dos hombres motorizados, uno de los cuales fue el perpetrador, quien con determinación ingresó al taller ubicado en la carrera 22 entre calles 25 y 26 y disparó en múltiples oportunidades a la humanidad de Soto Berrío.
El hombre quedó mal herido y fue trasladado a un centro asistencial hospitalario donde falleció.
Una historia que se repite
Juan Sebastián era el tercero de los hermanos Soto Berrío. Su hermano mayor, Vicente Soto, fue asesinado en enero de 2022 en un triple crimen ocurrido en Maní, en medio de las festividades de la Bandola. Su hijo de 17 años también murió en ese atentado. Vicente había sido señalado por la Fiscalía como líder del Clan de los Soto, una banda delincuencial asociada a extorsiones, homicidios y presunta limpieza social.
El otro hermano, Orlando José Soto Berrío, alias “Chepe” o “Cámara”, enfrenta dos condenas en firme proferidas por el Tribunal Superior de Yopal:
- El 30 de agosto de 2022, fue condenado a 96 meses de prisión (8 años) por los delitos de concierto para delinquir agravado y extorsión, en un caso que probó su rol como jefe de una red criminal que amenazaba a comerciantes, agricultores y civiles que se negaban a pagar cuotas extorsivas en Yopal y Maní.
- Posteriormente, el 21 de enero de 2025, fue sentenciado a 445 meses de prisión (casi 37 años) como coautor de tres homicidios cometidos en 2014 y 2015 por el Clan de los Soto. La sentencia señala que Orlando no solo coordinaba las acciones armadas, sino que también garantizaba la impunidad de los sicarios y justificaba los crímenes como parte de una supuesta «limpieza social».
Ambas decisiones reconocen que la estructura operaba bajo lógicas heredadas del paramilitarismo: intimidación, uniformes camuflados, control territorial y represalias contra quienes desafiaban su poder.
Entre antecedentes, tierras y silencios
Juan Sebastián no era ajeno al conflicto. Su nombre aparecía en el SPOA con antecedentes por constreñimiento ilegal, lesiones culposas y receptación. Aunque había montado un taller de mecánica en Yopal, testigos aseguran que recientemente fue visto en la finca Fronteras, un extenso predio en Maní cuya posesión ha estado en disputa durante años y tiene al menos dos decenas de muertos relacionados con este conflicto.
Según versiones anónimas, la familia Soto primero operó de forma independiente, luego se alió con Martín Llanos, jefe de las Autodefensas Campesinas del Casanare (ACC), y finalmente habría tenido vínculos con el Clan del Golfo.
Vicente Soto incluso denunció en 2021 ante la Fiscalía que fue extorsionado por emisarios de esa organización y obligado a pagar más de 120 millones de pesos para no ser asesinado. Aun así, fue emboscado en enero de 2022.
¿Destino familiar o consecuencia estructural?
¿Estamos frente a una maldición familiar o a la consecuencia directa de haberse implicado en estructuras criminales recicladas del paramilitarismo? En Casanare, donde la guerra, la tierra y el poder han ido de la mano, el apellido Soto carga consigo un legado violento que parece perseguir a todos los que lo portan.
Dos de los tres hermanos están muertos, uno en prisión, y su historia sintetiza décadas de conflicto armado, narcoparamilitarismo y ajustes de cuentas en una región donde la línea entre legalidad e ilegalidad sigue siendo porosa.
Las investigaciones por el asesinato de Juan Sebastián Soto continúan, pero como tantas otras veces en el oriente colombiano, puede que la justicia no llegue tan rápido como las balas.
El legado trágico de los Soto Berrío

Otras noticias…
Resultados del monitoreo de calidad del agua en Casanare durante abril de 2025












Un comentario