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Hace 29 años Robison salió a buscar trabajo en Aguazul y fue desaparecido: su cuerpo ya regresó a su familia en Chalán, Sucre.

Desaparecido desde 1997 cuando viajó a Aguazul, Casanare, en busca de trabajo, Robison Antonio Mendoza Tovar regresó a su tierra natal en Chalán, Sucre. Su familia, que lo esperó por casi tres décadas, hoy tiene un lugar donde recordarlo y empezar a despedirse.

Casi 30 años tuvieron que pasar para que Robison Antonio Mendoza Tovar regresara a casa.

No volvió como su familia lo soñó durante tanto tiempo, pero volvió. Y eso, en medio de tanto dolor, también es un alivio.

En el salón parroquial de Chalán, en Sucre, unas 20 personas —su esposa Nidian, sus hijos, hermanos, sobrinos y nietos— se reunieron para recibirlo. Su cuerpo llegó en un pequeño cofre de madera.

Alrededor, no solo estaban ellos: también estaban los recuerdos, las historias y la vida que quedó suspendida desde septiembre de 1997, cuando Robison salió hacia Aguazul, en Casanare, buscando una oportunidad para su familia.

Durante años, su nombre fue ausencia. Pregunta. Espera. Ese día, en cambio, fue presencia.

Hubo lágrimas, pero también silencios largos. Hubo abrazos que parecían sostener décadas enteras. Y, entre todo, una sensación difícil de explicar: la de tenerlo de vuelta, aunque fuera para despedirse.

El final de una búsqueda, el inicio del duelo

Después del encuentro en el salón, la familia caminó con él hasta la iglesia Inmaculada Concepción de María. Ese mismo lugar donde tantas veces llegaron a pedir respuestas cuando no sabían dónde estaba.

Allí, entre rezos y miradas profundas, comenzaron a cerrar una herida que llevaba abierta casi tres décadas.

En Colombia, más de 136.000 personas han sido dadas por desaparecidas a causa del conflicto armado. Para sus familias, la incertidumbre pesa tanto como la pérdida.

Por eso, encontrar —incluso cuando es para despedir— también significa descansar.

Para los Mendoza Tovar, el regreso de Robison no borra el dolor, pero sí transforma la espera.

Una mujer que convirtió el dolor en lucha

Nidian Navarro Luna, su compañera de vida y madre de sus hijas, no se quedó quieta frente a la ausencia.

Durante años buscó, preguntó, insistió y persistió. Su dolor se convirtió en fuerza, energía y en camino para otros.

“Sigan insistiendo, persistiendo en la lucha de encontrar a sus seres queridos… así como encontré el mío, quiero que los demás encuentren a los suyos”.

Su voz no es solo testimonio. Es acompañamiento para otras familias que aún esperan.

Una búsqueda que unió territorios

El hallazgo de Robison fue posible gracias al trabajo articulado entre equipos de la Unidad de Búsqueda en Sucre y Casanare.

Fue en Aguazul, ese mismo lugar al que él viajó buscando un mejor futuro, donde se adelantaron labores forenses en el cementerio que permitieron recuperar su cuerpo.

La identificación se logró mediante un proceso que incluyó muestras biológicas de su esposa y sus hijas, analizadas por Medicina Legal y el Centro Integral de Abordaje Forense e Identificación.

Pero más allá de lo técnico, lo que permitió este resultado fue la persistencia de su familia.

Volver, aunque duela, también es sanar

La entrega de Robison no es solo el cierre de un caso. Es la posibilidad de nombrarlo sin incertidumbre, de saber dónde está y de despedirse.

En lugares marcados por la violencia, estos regresos son más que noticias: son momentos que reconstruyen, poco a poco, el tejido de las familias y de las comunidades.

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